La privacidad en la adolescencia
Los adolescentes en su crecimiento suelen percibir cómo comienza lo que antes consideraban como atención, mimos o cariños, por lo que empiezan a buscar lugares donde esconderse y pasar —a veces largos— tiempos sin estar en contacto con los adultos con los que conviven. Estos espacios pueden ser físicos o virtuales, reales o simbólicos.
En esta etapa empieza un proceso profundo de transformación identitaria. De golpe, los adolescentes se encuentran con un cuerpo que comienzan a sentir de otra manera, que tiene impulsos nuevos, que los llevan a tener nuevos pensamientos, conversaciones, recuerdos, ideas, emociones, fantasías, sentimientos, secretos que no están dispuestos a compartir ante cualquiera y en cualquier lugar.
Para transitar una adolescencia saludable es esperable que nuestros hijos busquen y defiendan una intimidad distinta de la que tenían cuando eran niños. Este proceso no solo es clave para transitar esta etapa, sino también para las que siguen en la vida, en lo que refiere a la salud mental y los vínculos sanos que mantenemos con nosotros mismos y con los demás.
¡Qué sería de la vida de los adultos y de los vínculos que mantenemos durante toda la vida si no hubiéramos aprendido a distinguir lo que es íntimo y privado de lo que puede ser público y social! Y esa distinción es un aprendizaje que se ejercita mucho y que se inaugura durante la adolescencia.
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